lunes, 28 de abril de 2008

Violeta

-Lolita, Lolita despierta que el Niño Jesús te dejó un regalo.
Al abrir los ojos vi a mi hermana Isabel que me enseñaba un paquete que estaba a los pies de mi cama. Rompí la envoltura dejando ver una caja amarilla que contenía una bella muñeca dormilona. Contenta y con ella bajo el brazo seguí a Isabel hasta el comedor chico donde el resto de la familia ya estaba reunida desayunando. Todos hablaban de sus regalos. Después de desayunar las dos fuimos a jugar a la farola o solario y allí bautizamos a nuestras muñecas. A la mía la bautice con el nombre de Violeta.

Una mañana me dirigí a la biblioteca de mi padre. En la planta baja se encontraba la sala de espera y el cuarto de consulta. Esa mañana en la sala de espera estaba una joven mujer con una niña casi de mi edad. La niña al ver mi Violeta comenzó a pedir a su madre que le comprara una muñeca igual. Los ojos de la madre se llenaron de lágrimas al tratar de explicarle que no podía comprársela. La niña le recordó que el niño Jesús no le había traído ningún regalo. Note la angustia de la madre y salí corriendo de la sala de espera y no pare hasta llegar al solario donde me puse a jugar con Violeta.

-Lolita, Lolita, ven quiero enseñarte algo muy bello y especial, el poder hacer feliz a los demás. Al estar cerca de mi puso una rodilla en el suelo y pude verme reflejada en sus ojos azules.

¿Viste a la niña que esta con su madre en mi oficina? Ella quiere una muñeca como la tuya y su madre no puede comprársela.Con un nudo en la garganta le di mi mano y por última vez cruce con Violeta el comedor grande y el primer patio hasta llegar a la sala de espera donde encontré la otra niña y le entregue a mi amada Violeta. La madre me abrazo mientras su hija abrazaba a mi Violeta.


Maria Fischinger@ Chicago

Juanita

Cuando conocí a Juanita, la hermana del jardinero de mi padre, ella usaba la vestimenta tradicional de los naturales de la región andina y hablaba solamente la lengua aymará.

- ¿Para qué sirve esto? Preguntó asombraba al ver nuestra ropa interior.

Cuando cobró su primer sueldo se fue al mercado a comprar las piezas más finas que encontró y las empezó a usar. A Juanita todo lo moderno le fascinaba. Aprendió rápidamente el castellano aunque no perdió el mote o acento que marca a cada persona cuando aprende una lengua siendo mayor.
La belleza física de Juanita atraía las miradas de toda la persona que la veían. Juanita tenía un pequeño bebé a consecuencia de una violación, Sergio, el padre del niño la buscaba y constantemente le proponía matrimonio.
Juanita despreciaba a Sergio, no le gustaba su físico ni lo que representaba.
Juanita conoció a un soldado del Cuartel Cachunde del que se enamoró perdidamente y caminaba orgullosa a su lado y repetía a todos los que la escuchaban.
-Este es el tipo de hombre que a mí me gusta.

El romance solo duró lo suficiente para dejarla con un segundo hijo. Sergio aprovechando el momento volvió a buscarla y a proponerle matrimonio y esta vez buscó el apoyo del hermano de Juanita. Sergio era dueño de unos terrenos y una cantidad de ganado en la serranía por lo cual tenía cierta solvencia económica.

-¿Qué será de ti? – lamentaba el jardinero, con dos hijos y sin marido.

- Cásate tú con el Sergio si tanto te gusta y lo quieres y a mi déjame en paz, era la respuesta de Juanita.

El hermano insistía sin cesar hasta que ella aceptó con resignación.
Durante la ceremonia y la fiesta de matrimonio Juanita tenía el semblante sombrío y triste.
Después de la fiesta los recién casados se fueron a los terrenos que eran de propiedad de Sergio. Los niños se quedaron en nuestra casa para darle oportunidad a la pareja de establecerse. Al día siguiente Juanita regreso a la casa muy agitada.

-Creo que maté a Sergio- sollozaba.

Juanita contó que cuando estaban en camino al caserío de Sergio viendo la pampa desolada, su flamante esposo quiso tener un momento de intimidad. Ella se negó, el no quiso aceptar su negativa y la tumbó. Ella agarró una piedra y le golpeó en la cabeza. Allí lo había dejado desmayado cuando emprendió el camino de regreso a casa.

Juanita no se resignaba a seguir con este matrimonio.


-Yo solo dije sí delante de un cura y eso no quiere decir que tengo que aguantar que este tonto me toque cuando él quiera. Yo dije que sí, sólo para que mi hermano me dejara en paz. Le cuidaré sus ganados y mantendré su casa en orden pero que no me toque ese indio que vive en el Ayllu y no le gusta la ciudad - lamentaba la pobre recién casada.

Sergio, todo ensangrentado llegó varias horas después. Mi padre entendió que Juanita no conocía todo lo que implicaba el sacramento de matrimonio y le explicó a Sergio que no se podía forzar a Juanita a permanecer en esta unión.

-Juanita, ¿Qué deseas para tu vida? le preguntó cuando Juanita estaba más calmada.
-Quiero que mis hijos sean señores, que vivan en la ciudad, que asistan a la escuela, respondió Juanita.

Mi padre tramitó la anulación del matrimonio y ella comenzó a juntar dinero para irse a Lima.

Varios años después cuando pase por Lima, vi una pareja de jóvenes paseando por el jirón Arequipa. La joven comenzó a correr repitiendo
- Niñita, niñita, soy Juanita y este es mi esposo….
Ellos se habían casado por lo civil solamente, se habían comprado una casita y un carro. Estaban educando a los hijos de Juanita y a los que ellos tenían juntos.

- Lo conseguí niñita, gracias a tu tata, mis hijos serán caballeros y no indios me susurro Juanita al despedirse.



Maria Fischinger @2006
Del libro: Debajo del sol y la luna

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