viernes, 8 de octubre de 2010

Semblanza del Dr. Adrian Cáceres Olazo

HOMENAJE RENDIDO EN SUS BODAS DE ORO PROFESIONALES





Por: ENRIQUE CUENTAS ORMACHEA




Machado de Assís decía: “La reverencia a sus hombres, es la virtud de las ciudades”. Puno, está tratando de demostrar que tiene esa virtud, al rendir este homenaje a una de sus figuras destacadas. No tiene pues este acto el solo objeto formal, de reconocer el merito a quien ha obtenido un titulo profesional hace medio siglo, sino el relievar una labor fecunda iniciada desde esa fecha y, aún antes de ella. Se trata de exaltar la calidad de un hombre que se prodigó hacia su pueblo en preocupaciones y afectos. Es así como Cáceres Olazo, cuyo talento lo hizo destacar en nuestro añorado Colegio Nacional San Carlos, crisol de puneñismo selecto, como uno de los mejores alumnos, supo conservar ese prestigio en la primera Universidad de América, la de San Marcos, en la que obtuvo contentas en Letras y Ciencias Políticas, premios que se otorgan, únicamente a los estudiantes que hubieran destacado nítidamente por sus dotes de estudio e inteligencia. Fueron esas mismas cualidades, las que determinaron que, aún antes de obtener el titulo de Abogado, El Dr. Adrian Cáceres Olazo, fuera llamado por el entonces Presidente de la República don Guillermo Billingurst para ocupar la secretaria de la presidencia. Interviniendo, en consecuencia en una página relievante de nuestro proceso político. Fue así que para arreglar un conflicto suscitado en Puno, el Presidente Billingurst, encomendó al flamante abogado, la solución del mismo, con cuyo objeto, se constituyo en esa ciudad, de la que ya no iba a ausentarse, por cuanto al golpe de estado del General Benavides puso fin a aquel gobierno y Cáceres Olazo, poniendo en manifiesto su lealtad y su dignidad renunció al cargo encomendado y comenzó a trabajar como abogado. Así ingresa a la actividad que dentro de sus múltiples matices de esta vida fecunda es el que destaca más nítidamente.

En efecto, su vocación jurídica, se puso de manifiesto desde que vencida la primera resistencia para seguir estudios de Medicina, fue empapándose del proceso de formación de la ley y comprendió que la abogacía, es una de las pocas tareas de tan honda raíz humana y, a la vez de tan amplia proyección social. Al lado de Juan Bautista de Lavalle, uno de los juristas mas destacados en el panorama internacional, ex – presidente de la Organización de los Estados Americanos y junto con Paz Soldán, Aparicio Gómez Sánchez y esa pléyada de jóvenes novecentistas , que han marcado un hito en el panorama político del país. Cáceres Olazo fue recordado siempre por su talento. Había traducido junto con el primero citado, la obra medular del tratadista Icilio Vanni. “Lecciones de Filosofía del Derecho”. Fue la mejor traducción. Quiere decir que quienes intervinieron en ella, no solo dominaban el italiano, lengua en que originalmente estuvo escrita la obra, sino que llegaron a compenetrarse certeramente del pensamiento del gran filósofo italiano. Recuerdo todavía cuando con orgullo escuche de labios de uno de los más destacados abogados y maestros arequipeños, el Dr. Francisco Gómez de la Torres a la sazón Rector y catedrático del curso de filosofía del derecho de la Universidad de San Agustín, que recomendaba la referida obra como fundamental para la consulta en el curso de la materia, destacando, justamente que tenia que preferirse la traducción hecha por Lavalle y Cáceres Olazo, cuyas figuras destacó brevemente, a otra cuyo traductor era un jurista argentino.
Fue así como Cáceres Olazo, había mostrado que estaba debidamente compenetrado de su profesión. Se dió cuenta que el abogado (del latín advocatus: llamaré), es quien siente el llamado, la vocación por un tipo de vida que es el Derecho, cuya esencia no se agota en la letra de los textos legales, ni en el formalismo lógico de las normas o en la espontaneidad de la conducta intersubjetiva sino que a manera de cauce, guía los actos del hombre hacia el bien común, dentro de un orden social justo. Supo que el Derecho pertenece al mundo de la cultura y el valor que lo orienta es la justicia. Comprendió que el Derecho, no es mera idea, ni simple objeto de conocimiento sino un orden real de vida, que surge al manifestarse el hombre en sociedad. Competrado el Dr. Adrian Cáceres Olazo, de la función real del abogado, vió la necesidad de poner en practica este principio, porque constató que en países de incipiente cultura, como el nuestro, donde a diario hay que encararse contra la injusticia y el atropello, no había papel mas elevado y noble que el de la búsqueda constante de la justicia y la defensa de este principio. Y fue así como quedo aquí para”desfacer entuertos” y enfrentarse con los malandrines de la política criolla y de la justicia amarañada. Como reconocimiento de su talento, se le asigno como fiscal de Azángaro, iniciándose así en la carrera judicial, en la que había de permanecer dieciséis años, desempeñando el cargo de Fiscal de la Corte Superior de Puno desde 1925, cargo en el que su inteligencia y probidad fueron puestas de manifiesto. En tal forma, nuestro homenajeado, había tocado todos los matices de la profesión, a la que dio lustre. Fue magistrado, jurista y defensor. Como magistrado se compenetró de la misión que toca a quienes incumbre en forma especial y genuina, la responsabilidad de un orden cosial justo. Como jurista dio a conocer los preceptos y la manera de aplicarlos, con la certeza que era ejemplar. Finalmente como abogado, defendió el derecho de quienes acuden a él, dentro de los causes de la ley y con un criterio honesto.


Pero Cáceres Olazo, no comprendió su misión de abogado reduciéndola a solo estos horizontes. Sabia que esta se extiende mas allá; que el abogado es un director espiritual de la juventud, es el mentor del pueblo y por eso mismo es quien debe orientar a éste. Se dió cuenta de que debía mantener viva la fe de su pueblo, fe que estaba perdiéndose por la intromisión de la política estaba mellando los valores fundamentales de la vida. De allí que al advenimiento de un nuevo régimen, no tuvo el menor reparó en dar a conocer su credo federalista, como el único que podría salvar a Puno de marasmo en que se debatía. El constato que el centralismo, había sido el peor enemigo en la evolución económica, social y política de los pueblos del Perú y particularmente, Puno había sufrido daño irreparable al ser constantemente postergado en sus necesidades y aspiraciones. El intento federalista, que al decir Emilio Romero: ”fue acto espontaneo de la evolución social de la meseta, seria la única, manera de que este pueblo encontrara su verdadero camino de redención”. Por eso nuestro homenajeado y un grupo de caballeros puneños, comenzaron su predica en tal sentido. Sensiblemente en círculos allegados al gobierno, se dio una torcida interpretación al pensamiento de estos hombres y se les condeno a ser fusilados, como separatistas. La intervención Providencial de alguien, que se dio cuenta del tremendo error evito la injusticia. Injusticia que hubiera elevado a esos hombres a la categoría de mártires. Fue el anticipo de otro acto injusto que mello la dignidad de este hombre al obligarle a dejar la carrera de magistratura. Pero, el manifestó muchas veces, que sentía agradecimiento a Dios porque a través de ese hecho que hirió hondamente su vanidad, supo descubrir otras facetas de la vida hacia las que volcó las excelencias de su espíritu ya transformado. Y es así como se prodigo en su servicio a esta su querida tierra, dando su valiosa contribución a diversas instituciones como el Club de Regatas, fundado por el, el Club de Leones, la Federación de Periodistas, el Instituto Liberador Ramón Castilla, El Comité Pro - reapertura de la Universidad de Puno, etc. Su talento siguió iluminando los senderos de la oscuridad, su espíritu cristiano supo del dolor del prójimo y constituyo ejemplo digno de imitarse: su cariño a los suyos, hizo de él un padre de familia ejemplar.

Es así como la celebración de este acontecimiento ha servido para posar la mirada en el pasado de este hombre. Puede estar orgulloso de haber llevado una vida bien vivida. Ideólogo y crítico fue mentor de la nueva organización política que advino con Billinghurst. Federalista de cepa, persiguió a través de esta forma de gobierno un ideal de mejoramiento sin inquina, sin trastienda vigorosamente impulsado y noblemente dirigido. Su talento al desenvolverse como abogado, lo coloco en sitio respetable en el foro nacional. A través de sus defensas demostró su honestidad ejemplar. Si atacó lo hizo sinceramente, sin resentimiento alguno y sin rencor malsano. Si alabó lo hizo convencido de la calidad del personaje.

Naturalmente tan vasta actividad determino una actitud polémica casi frecuente. Por eso concitó muchas resistencias y, surgieron sus enemigos en mayor número que sus amigos. Pero aquellos no supieron comprender el profundo significado de su actitud y su obra.

Ahora tratamos de salvar esa injusticia. Analizando someramente su vida y sus obra, podemos encontrar como nota sobre saliente, su inquietud desinteresada puesta al servicio de su pueblo, al que siempre amo tan entrañablemente y cuyo mejoramiento social y político persiguió con tenacidad y, laboriosidad extraordinaria que llego al limite de sacrificio personal en su profundo afán constructivo. Fue y es así, que pese a los defectos que como humanos los tuvo y los tiene, posee virtudes que lo hacen sobresalir como uno de los hombres ejemplares de Puno.

Los tiempos que vienen exigiendo de la labor de todos los puneños, empeño, en la labor constructiva para lograr una comunidad organizada, en las altas virtudes espirituales - logradas por la Libertad y la Justicia – vayan a la par que la prosperidad material que descarta la miseria, la enfermedad y el analfabetismo, necesitan de hombres que siguiendo el ejemplo de Adrian Cáceres Olazo, prodiguen sus conocimientos y sus esfuerzos a ese fin. Solo, así podemos hacer de esa tierra lo que todos los puneños anhelamos que sea.

Dr. Cáceres Olazo: acaso estas frases de exaltación y de justicia, os parezcan exageradas. No lo son. Trasuntan únicamente la expresión de quien ha tratado de dar su valor intrínseco a una vida y a su obra que destacan en el panorama de este departamento y transcienden fuera de sus fronteras. De lo mucho que valéis como profesional, como católico ejemplar y como perfecto caballero, en todas y cada uno de los actos de vuestra vida y de la forma sincera y ponderada como habéis sabido conquistar el titulo de amigo, viene la admiración que por vos sentimos, el afecto que os profesamos y la ponderación justa que hacemos de vuestros meritos. Nuestro anhelo intimo es, que el llegar a este hito importante de vuestra vida, sigáis siempre por el camino trazado para felicidad de los vuestros, orgullo de los amigos y ejemplo de las nuevas generaciones.

NOTA – El presente discurso, fue leído por su autor en el homenaje que el colegio de abogados de Puno, rindió al Dr. Adrian Cáceres Olazo, con motivo de sus Bodas de Oro Profesionales, en octubre de 1963

martes, 7 de abril de 2009

12 de mayo de 1929 - Mesa de honor












Banquete en el Club Puno al senador Dr. Andrés Miguel Cáceres, como manifestación de afecto y renovación de simpatías – el 12 de mayo de 1929
La fotografía representa la mesa de honor donde puede verse al prefecto Dr. Cárdenas García y al Dr. Solórzano y Zaa, Presidentes Departamentales de los partidos laborante y constitucional y al Dr. Raúl Flores Guerra presidente Departamental del partido Demócrata Reformista.

domingo, 29 de marzo de 2009

sábado, 27 de diciembre de 2008

sábado, 30 de agosto de 2008

Un Viejo Intelectual - Dr. Adrian Cáceres Olazo

Por: J. D. Málaga



Cáceres Olazo nació en Arequipa el 26 de agosto de 1888. Es hijo del Dr. Andrés Miguel Cáceres, recordado hombre público puneño y de la señora Flora Olazo de Cáceres, limeña. Fue traído de pocos años a Puno, donde ha pasado toda su vida. Cursó la instrucción primaria en la escuela de Don José María Miranda y, después por Don Remigio Franco; la Instrucción Media la cursó en el colegio Nacional de San Carlos bajo la dirección del eminente maestro el Dr. Alberto Gadea obteniendo al terminar el premio mayor de aprovechamiento que se otorga al alumno que más se había distinguido en todos los años. En la universidad del Padre San Agustín de Arequipa hizo sus estudios de Letras y Ciencias Naturales, con las más altas notas. Se matriculó después en la facultad de Medicina de la Universidad Mayor de San Marcos, pues pensó seguir esa carrera. Pero las tristezas del Hospital, le hicieron desistir y matricularse en Jurisprudencia. Donde desde el año 1906 a 1910 cursó las facultades de Jurisprudencia y Ciencias Políticas y concluyó los estudios de Letras. Mereció la contenta de Bachiller y Doctor en Ciencias políticas y administrativas y la de Doctor en Letras y en Jurisprudencia, obtuvo también galardones como alumno aplicado y descollante. Se graduó en la misma Universidad Mayor de San Marcos de Bachiller y de Doctor en Jurisprudencia en noviembre de 1913 con la tésis sobre “Concepto de Justicia”, que ser insertada en la Revista Universitaria. Con el Doctorado de Jurisprudencia rindió también exámenes y prestó juramento para ejercer la abogacía.

Egresado de la universidad, tomó parte en la campaña cívica que en 1912 llevó al poder al inolvidable patricio Dn. Guillermo Billinghurt, dirigiendo con el eminente poeta y literario don Abraham Valdelomar, el Club Universitario de Lima. Fue secretario del presidente Billinghurst, quién lo mandó en enero de 1914 a Puno a estudiar la cuestión indígena agudizada por graves sucesos realizados en Samán, Caminaca y Achaya, atribuidos al Mayor Teodomiro Gutiérrez. Pero derrocado el régimen, el 4 de febrero de ese año, el Dr. Cáceres devolvió con toda honradez los emolumentos ya percibidos y se desligó de los compromisos de informar en esa comisión, sobre los referidos sucesos.

Ejerció su profesión en Puno, desde 1914 a 1920, año en que fue designado Agente Fiscal de Azángaro, cargo que desempeño desde el 2 de agosto de 1920 hasta el 17 de Marzo de 1922. Fue Juez de Primera Instancia Titular de Puno, desde el 18 de marzo de 1922 hasta el 25 de abril de 1925, en que asumió la Fiscalía Titular de la Corte Superior de Justicia de Puno y de Madre de Dios, que sirvió abnegadamente hasta el 27 de noviembre de 1940, en que volvió a ejercer su profesión de Abogado.

Ha sido Secretario del Colegio de Abogados el año de 1916. Habiendo entonces intervenido en la redacción de los Estatutos que, hasta ahora, rigen. Ha sido Decano y Miembro de la Junta Directiva varias veces.Como Delegado de las provincias de Lampa y Chucuito sucesivamente perteneció a la Honorable Junta Departamental de Puno desde 1915 a 1920. Habiendo desempeñado la presidencia de esa memorable Institución descentralizadora, los años 1918 y 1919.

En el año 1926 fue designado por el Supremo Gobierno, miembro de la Comisión Jurídica en el Plebiscito de Tacna y Arica, a donde concurrió y estuvo destinado a asesorar al miembro peruano en segunda Mesa de inscripción y votación de la como se sabe, desgraciada Delegación del Morro. Correctamente el Plebiscito no llego a realizarse, no obstante los esfuerzos del Perú.

En año 1907 se enroló en el batallón universitario, concurriendo a la instrucción intensiva que se dio a los movilizables de ese tiempo, participaron en históricas maniobras, de donde salió con grado de Sargento de Infantería. En la época del último conflicto con Colombia, en una manifestación pública ante la prefectura de Puno, pidió el rápido enrollamiento junto con otros distinguidos miembros de magistratura, habiéndosele contestado que se tendría oportunamente en cuenta su petición.


Ha sido Director de los diarios “El Eco de Puno” y ‘El Siglo” de Puno y “El Faro”.


Ha colaborado en diversos Diarios y Revistas de la República. Siendo universitario Tradujo del italiano “Las lecciones de Filosofía del derecho” del profesor Icilio Vanni, que ha servido de curso en todas las Facultades de Jurisprudencia de Latino América. Este trabajo se hizo en unión de su condiscípulo Juan Bautista de Lavalle, cuyo renombre actual excede todas las fronteras, pues como representante del Perú, ha llegado a ser Presidente de la unión Pan Americana y es actualmente Embajador del Perú ante la Organización de las Naciones Unidas. Además del castellano domina el italiano, castellano domina el inglés, francés y el portugués.


El Dr. Cáceres Olazo fue autor de la iniciativa que dió origen a la Primera Exposición Agrícola, ganadera y Manufacturera que se realizó en Puno en 1919. Esta exposición mostró la grandeza económica de Puno


En 1917, fue iniciador de un concurso Literario Departamental en el que obtuvo óptimos frutos.
Ha sido presidente fundador de la Asociación de los Padres de Familia de la G. U. E. “San Carlos “donde ha sido reelegido varias veces. Presidente fundador de la Asociación Agropecuaria Departamental de Puno y actual Presidente Honorario. Fue representando a dicha Asociación como Delegado a la primera Convención de Asociaciones Agropecuarias del Sur del Perú realizada en Cuzco. Luego en la Segunda Convención realizada en esta ciudad Lacustre, aportó su comisión brillante ponencias, como la creación de las Cajas Rurales, mereciendo dichas ponencias la aprobación y un voto de aplauso. Del 14 al 18 de Marzo de 1962 asistió a la Convención Nacional de Asociaciones de Agricultura realizada en Lima, donde las ponencias presentadas por la delegación Puneña, merecieron también la aprobación y voto de aplausos.


Ha pertenecido a diferentes Instituciones a diferentes Instituciones, ha sido Presidente fundador del Club Puno; Presidente fundador del Club de Tiro al Blanco de Puno, fundador y Presidente del Club de Regatas de Puno. Presidente del Club de Tiro al Blanco de Azángaro en 1921; Delegado del Touring y Automóvil Club en Puno y Socio del Rotary Club. Actualmente es socio del Club de Leones, donde sigue laborando por el bienestar de esta tierra.


El 30 de noviembre de este año el Dr. Adrian Cáceres Olazo, cumple sus Bodas de Oro, profesionales, cuyas páginas históricas llevan brillo y prestigian la carrera forense de Puno.

Del Diario "El Tiempo" el 4 de noviembre de 1963

El encuentro

Era muy pequeña cuando empecé ha darme cuenta pero siempre que entraba en un establecimiento público en la que el abogado Don Vicente M. estaba allí presente, yo tenia que escuchar una gran cantidad de improperios dirigidos a mi padre, a mi familia y su conversación siempre incluía

— Ese sinvergüenza no merece el respeto que se le da...

Yo salía con el corazón compungido, con un nudo en la garganta, corría a la casa reteniendo un torrente de lágrimas que dejaba correr libremente una vez que estaba dentro de sus paredes.

Las veces que mi padre me encontró llorando y después de enterarse de la causa. Ponía una rodilla en el suelo para poderme mirar a los ojos y con seriedad me preguntaba si yo lo conocía de verdad.

— claro que te conozco.

Yo tenia que reconocer que él no tenia secretos para nosotros, que su vida estaba dedicada a nosotros sus hijos, a Puno y al Perú, eso me estaba tan claro como la luz del sol.

— Entonces ¿Por qué lloras?, ¿Cambio en algo la realidad que dices conocer?, ¿Me quitaron un pedazo de mi cuerpo? Sus ojos adquirían un chispazo juguetón. Se paraba y comenzaba a bailar dando vueltas a mí alrededor para mostrarme que estaba igualito y enterito.

Miraba su porte elegante y distinguido. Todo un caballero maduro y respetable jugando conmigo una niña de corta edad. No podía evitar las ganas de sonreír y pensar en lo tonto que era dar importancia a las calumnias y maleficencias.

En una ocasión mi padre y yo caminábamos por la calle Deustua cuando nos cruzamos con el Don Vicente M. ya no se limito a los insultos, si no que tomó una piedra y la tiró en dirección de mi padre. Esquivando la piedra, mi padre me apretó la mano y con la otra se levantó el sombrero. Haciendo una venia saludo a Don Vicente:

— Buenas tardes, Don Vicente, las palabras no lastiman, las piedras si, me veré obligado a pedir garantías.

- no digas nada y sigue caminando como si no paso nada, me susurro al oído.

Le obedecí y cumplimos las diligencias que teníamos planeadas sin comentar sobre el incidente. Al llegar a la casa me llevó a su despacho. Nos sentamos en el sillón de su oficina.

— Maruja, lo que vistes no debes de repetir a nadie.
— Pero, ese señor quiso lastimarte.
— Iré a pedir garantías para que deje de tirarme piedras, pero no quiero que tú y tus hermanos lo vean con malos ojos. El esta equivocado y hay que ayudarlo a recapacitar.

Vicente Melgoza Diez, era el presidente de un partido contrario al de mi padre y era esta ideología la que lo impulsaba a la animosidad con mi padre. Le prometí no contar a nadie este incidente.

Unos años después se presentó una apertura para vocal de la corte de Puno y la candidatos presentaron sus ternas. Mi padre desempeñaba el puesto de Decano del colegio de abogados y como tal debía de presentar un candidato para llenar dicha posición. El comentó con nosotros que después de revisar los expedientes de los posibles candidatos el más completo y destacado era el de Don Vicente M. por lo que en su posición de decano lo había presentado en ternas para ocupar esta plaza y así la vida de los dos se cruzaron en varias oportunidades y Driano Cáceres nunca dejó que lo personal determinara su opinión profesional.

Pasaron los años y llegó el 50 aniversario de graduación de doctor en Jurisprudencia de mi padre. El día que la familia iba a celebrar la fiesta se vio enlutada por el asesinato del joven presidente John Kennedy, que era admirado por mi padre, y en esa ocasión expreso que lo consideraba como el único presidente Norte Americano que había respetado a los países latino Americanos y considero ese día de duelo nacional. Canceló la fiesta e izó la bandera peruana a media asta.

Pero la celebración de sus cincuenta años de la graduación de San Marcos no paso por desapercibida en la ciudad de Puno que reconoció la labor de su hijo abnegado y varias instituciones organizaron ceremonias honrándolo.

El Colegio de Abogados de la que Driano era el decano también le organizo una en su local. Mi padre y yo, que ahora era una muchacha de 12 años, nos encaminamos hacia el colegio de abogados y estábamos otra vez en la calle Deustua cuando vi a Don Vicente M. Afligida tome su brazo y le dije:

_Padre allí viene alguien que no te quiere. Iré delante. Mi padre sonrió

_ No te preocupes, no pasara nada.

Don Vicente se acercó y para mi asombro lo saludo con mucho respeto, caminaron un trecho y llegamos a un enorme charco de agua que ocupaba toda la calle. Para mi mayor sorpresa, Don Vicente se quitó el saco y trato de tirarlo sobre el charco, mi padre trató de evitarlo.

- Dr. Driano Cáceres, escoja, yo no deseo que se moje usted los pies. Escoja, pisa mi saco o lo cargo. No, no voy a dejar que se manche con lodo. Mirándome a mí me dijo, Uds. sus hijos no saben apreciar quien es su padre.

Mi padre con una sonrisa, recogió el saco,
_ Don Vicente Ud. siempre excediéndose y por primera vez lo vi ruborizarse.

Desde entonces ya no temía la lluvia de improperios pero igual evitaba encontrarme con don Vicente, que siempre que nos encontramos me detenía para contarme con lujo de detalles algunos de los muchos encuentros que había tenido con mi padre.

Maria Fischinger

jueves, 8 de mayo de 2008

La muerte viaja en camión

El Comercio de Lima, 6 de octubre de 1969


Por: Emilio Romero


Llegar a la ancianidad con la mente diáfana, la expresión pulcra y armoniosa y los músculos flexibles y fuertes es en verdad un regalo de los dioses; el más preciado don que el ser humano puede recibir. Doloroso y deprimente para el ser humano es en cambio conservar el vigor físico hasta avanzada edad con las lámparas del entendimiento apagadas. Ciego o demente el hombre viejo es una de las figuras más tristes que solo un Dante, un Milton o un Shakespeare han podido describir con infinita piedad.

Pero también es trágico y humillante para la civilización que un hombre que ha logrado mantener en su plenitud la vida espiritual y física como resultado de una existencia austera, desenvuelta en disciplina y templanza; en la práctica de las siete virtudes que no son sino siete reglas de higiene, muera cualquier día en el cruce de dos calles atropellado por un automóvil. Este cuadro, que es el síntoma de algo grave que está ocurriendo en la vida del hombre del Perú, se está repitiendo casi a diario en las ciudades y en las carreteras que cubren el territorio nacional. La muerte borracha, la muerte envenenada con el mal del alcohol mata a hombre de trabajo; mutila niños y destruye frutos ahorrados en largo tiempo inutilizando vehículos o destruyendo materiales necesarios.

En las últimas semanas un despacho corresponsal de “El comercio” en la ciudad de Puno ha comunicado que el Doctor Adrián Cáceres Olazo murió Atropellado por un camión. Hace unos pocos meses el Doctor Adrián Cáceres Olazo llegó a Lima presidiendo una brillante delegación de jóvenes profesionales puneños para participar en el Congreso Nacional de Abogados que se realizo en el Callao. Cuando acudí a saludar al ilustre coterráneo muchos profesionales universitarios de Lima me preguntaron si era verdad que ese anciano que se registro con 80 años de edad; con una mirada casi juvenil y modales señoriales, era el mismo que hacía varios años había traducido la Filosofía del Derecho de Icilio Vanni, la gran obra de consulta de los estudiantes de San Marcos cincuenta años atrás. Y en verdad era el mismo, con la diferencia de que entonces estudiaba y comentaba el Manual del Derecho de las Comunidades Europeas por Nicola Catalano. Cáceres Olazo departió, con el señorío y simpatía que le caracterizaba, con los maestros de las nuevas generaciones entrando con extraordinaria rapidez mental en el mismo carril ideológico de las nuevas mentalidades contemporáneas.

A Cáceres Olazo le hacían reparos por haberse quedado definitivamente en Puno después de haber sido en Lima un brillante universitario; de haber contraído vinculaciones de primer orden social y político; de haber desempeñado con tino el cargo de secretario de la presidencia de la república en el periodo de Guillermo E. Billingursth, Cáceres Olazo se retiró a su tierra natal dedicándole su vida entera. Fundó en Puno un Seminario de Estudios con los abogados jóvenes y los universitarios de vacaciones. Allá plantó su bandera de idealismo. Su casa era como la Embajada de Lima en Puno. Era una posada intelectual y literaria a donde se podía llegar, desensilla y descansar para tomar un mate de coca reconfortante a cerca de 4,000 mts. de altitud. Allá llegaron a su sombra Abraham Valdelomar al iniciar su peregrinaje nacional. En otras fechas Luis Alayza y P.S.; el pintor Roura de Oxandaberro y Teófilo Castillo. Condiscípulo de Juan Bautista de Lavalle, de Carlos Zavala Loayza y de otros valores de su generación conectó con ellos a los de su propia promoción puneña formada por José Antonio Encinas, Manuel A Quiroga, Francisco Chuquihuanca Ayulo y otros.

Cáceres Olazo luchó por el progreso de su pueblo y la superación de la juventud. Fundó el “Club de Regatas” y llegó a iniciar la construcción de su local con la plataforma de fierro sobre el lago para desarrollar el viril deporte, Reunió a los músicos de Puno y patrocinó los primeros conciertos de Teodoro Valcárcel, Alberto Rivera del Mar y del folklorista Rosendo Huirse, padre de músicos de fama internacional. Institucionalizó las conferencias, los recitales y los debates y favoreció el desarrollo de la música popular y del teatro de aficionados.

El ilustre anciano que murió en Puno atropellado por un camión a los 81 años de edad enseño a la juventud el deber y el encanto de vivir en su propia provincia y trabajar por su progreso y su prestigio desinteresadamente. Pudo haber regresado a Lima como Diputado y olvidarse de todos, pero prefirió el combate diario con el medio sin otra compensación que los incomparables amaneceres en el Titicaca y la meditación contemplando las inmensas praderas del altiplano que sugieren la eternidad y el infinito.

Antes de morir en la encrucijada de las calles de Puno, transitadas hoy por ómnibus, camiones y automóviles, con sus semáforos presuntuosos, quizás tuvo una sonrisa de satisfacción llevándose la última imagen de su pueblo que, pese a las contraías fuerzas humanas y naturales, seguía progresando.

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